El verano tiene sus propios sonidos: una maleta que se cierra con dificultad, las ruedas de un coche sobre el asfalto, el hielo que choca contra un vaso, las campanas de una ciudad desconocida o el crujido de las botas sobre un sendero. También modifica nuestra forma de leer. Hay quien busca una novela para desaparecer durante horas y quien apenas consigue rescatar veinte minutos entre una excursión, una visita a un museo, una comida larga o una tarde de playa.

Por eso no todas las vacaciones necesitan el mismo libro. Algunas lecturas nos llevan hasta una playa de Devon; otras abren ante nosotros el paisaje rojizo de Petra, nos empujan hacia un destino incierto o nos sumergen en el bullicio cotidiano de una expedición arqueológica. Incluso hay libros capaces de hacernos viajar sin abandonar el sillón. Solo hay que elegir el que mejor encaje con el verano que cada uno tiene por delante…

Para unas vacaciones junto al mar: Maldad bajo el sol

Terraza de un hotel junto al mar con sombrillas, tumbonas y una mujer paseando por la playa.

El sol cae sobre la terraza del hotel, los bañistas buscan su rincón favorito y la brisa parece borrar cualquier preocupación. En ese escenario luminoso, Hercule Poirot intenta disfrutar de unas vacaciones en la costa de Devon. Sin embargo, la presencia de Arlena Stuart, una actriz célebre y deslumbrante, altera el equilibrio entre los huéspedes mucho antes de que su cuerpo aparezca en una playa apartada.

Maldad bajo el sol (1940) resulta ideal para leer bajo una sombrilla porque Christie aprovecha cada elemento de unas vacaciones costeras: los horarios imprecisos, los cuerpos expuestos a las miradas, los encuentros aparentemente casuales y la facilidad con que alguien puede observar a los demás sin despertar sospechas. Detrás de esa calma luminosa y del olor de las cremas solares circulan los celos, el deseo y una hostilidad que el descanso apenas consigue disimular.

Para unas vacaciones de aventura: Destino desconocido

Mujer con sombrero y maletas en una estación de tren de Casablanca, frente a un convoy a punto de partir.

En Casablanca, Hilary Craven se encuentra sola y ha perdido las ganas de seguir viviendo. Entonces recibe una propuesta inquietante. Deberá adoptar la identidad de una mujer fallecida y participar en la búsqueda de varios científicos desaparecidos, aunque ni siquiera ella sabrá hacia dónde se dirige.

Publicada en 1954, Destino desconocido se aleja de las mansiones inglesas y de las investigaciones tradicionales. Aquí encontramos espionaje internacional, identidades prestadas, desplazamientos clandestinos y una protagonista obligada a improvisar en un territorio donde cada compañero de viaje puede estar representando un papel. Es una lectura para quienes desean que sus vacaciones contengan una dosis de vértigo, aunque prefieran experimentarlo desde una tumbona.

Para un viaje cultural entre ruinas: Cita con la muerte

Familia de viajeros en Petra junto a una mujer mayor sentada, con el Tesoro excavado en la roca al fondo.

Jerusalén, la amplitud del desierto y las fachadas excavadas en la piedra de Petra deberían deslumbrar a la familia Boynton. Sin embargo, ni la amplitud del desierto consigue romper el dominio que su matriarca ejerce sobre sus hijos. Mrs Boynton los mantiene encerrados en una prisión psicológica de la que parecen incapaces de escapar. Cuando aparece muerta entre las rocas rojizas de Petra, Poirot dispone de veinticuatro horas para aclarar lo ocurrido.

Cita con la muerte (1938) encaja especialmente bien en unas vacaciones dedicadas a museos, yacimientos y ciudades antiguas porque el escenario posee verdadero peso narrativo. Christie conocía muy bien Oriente Medio y sabía observar el contraste entre los viajeros, pendientes de sus pequeñas incomodidades, y las civilizaciones que habían dejado allí una huella milenaria. En esta novela, las ruinas hablan de imperios desaparecidos mientras una familia descubre que también la autoridad ejercida puertas adentro puede derrumbarse.

Para unas vacaciones con poco tiempo: Parker Pyne investiga

Interior de un tren con una maleta, un mapa y documentos de viaje frente a una vista del Nilo.

No todas las vacaciones ofrecen tardes silenciosas. A veces el día se llena de visitas, niños, desplazamientos y planes, y la lectura queda reducida a un rato junto a una taza de café o a unos minutos antes de dormir. Para esos veranos, una colección de relatos puede ser mejor compañera que una novela extensa.

Parker Pyne se define como un especialista en la infelicidad. Desde su anuncio en The Times, atiende a parejas desgastadas, personas atrapadas en el aburrimiento y clientes que necesitan recuperar la emoción perdida. A medida que avanza la colección, abandona su despacho y se enfrenta a misterios durante viajes en tren, recorridos por Oriente Medio y travesías por el Nilo. Sus casos pueden leerse por separado y comparten una pregunta muy apropiada para las vacaciones: cuando desaparece la rutina, ¿sabemos realmente qué podría hacernos felices?

Para viajar sin salir de casa: Ven y dime cómo vives

Mujer tomando notas y catalogando hallazgos en un campamento arqueológico del desierto.

Quizá este verano no preparemos maletas ni tengamos un destino nuevo al otro lado de la ventana. Aun así, no tenemos por qué renunciar al viaje. En Ven y dime cómo vives (1946), revivimos las temporadas arqueológicas que la autora compartió con su segundo marido, el arqueólogo Max Mallowan, en Siria e Irak, y encontramos la respuesta a una pregunta que sus conocidos le hacían con frecuencia: ¿cómo era realmente aquella vida?

El resultado no es un tratado de arqueología ni mucho menos. Es una crónica llena de polvo, calor, trayectos accidentados, alojamientos precarios, comidas improvisadas, animales inesperados y problemas cotidianos afrontados con humor. Christie revela fotografías, cataloga piezas y colabora en las tareas de la expedición, pero también observa las pequeñas comedias humanas que surgen durante la convivencia. Es el libro perfecto para viajar desde casa porque permite sentir el terreno bajo los zapatos y escuchar el bullicio del campamento sin padecer las averías, los insectos ni las incomodidades de aquella vida sobre el terreno.

Las vacaciones tampoco tienen que parecerse a las de los demás. El verano puede encontrarnos en una ciudad achicharrada por el calor, en una casa llena de gente o frente a una ventana abierta al ruido de la calle.

Aun así, basta con escoger el libro adecuado para sentir el salitre sobre la piel, escuchar el traqueteo de un tren, contemplar el polvo suspendido sobre una excavación o avanzar sin saber qué nos espera al final del trayecto.

¿Qué clase de vacaciones vas a vivir este año y cuál de estas lecturas llevarías contigo? Te leo en los comentarios.

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Nuria – Universo Agatha

2 comentarios
  1. Juan David Copca
    Juan David Copca Dice:

    ¡Hola Nuria!
    Todas son excelentes selecciones, bien ubicadas y detalladas en tu blog.
    Quedo entusiasmado por: Ven y dime como vives; Destino desconocido.
    Todos los títulos son interesantes.
    Busco mi espacio para aprovechar tu consejo.
    ¡Felices vacaciones!

    Responder
    • Nuria
      Nuria Dice:

      ¡Hola, Juan David!
      Me alegra mucho que la selección te haya resultado útil. Ven y dime cómo vives y Destino desconocido forman una pareja muy curiosa: uno permite viajar desde la experiencia real de Agatha Christie y el otro nos empuja hacia una aventura llena de incertidumbre.

      Ojalá encuentres pronto ese espacio para leerlos. Ya me contarás cuál eliges primero.
      ¡Felices vacaciones para ti también!

      Responder

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