El verano invita a preparar una maleta, mirar un mapa y dejar que una escapada —cultural, de descanso o para disfrutar simplemente de buena compañía— nos saque de la rutina. A veces basta un lugar con historia, una playa distinta, un cóctel al atardecer y una novela en la que perderse. Mejor aún si el viaje permite seguir los pasos de la Reina del Crimen.

Hoy nos detenemos en Burgh Island, frente a la costa de Devon. Una pequeña isla verde coronada por un hotel blanco de estilo art déco. Con la marea baja se llega caminando por la playa. Unas horas después, el mar cubre el camino y la separa de la costa. Agatha Christie encontró aquí un escenario tan evocador como inquietante. ¿Me acompañas?

Una isla que cambia con la marea

Burgh Island vista desde Bigbury-on-Sea durante la marea baja, con la lengua de arena, visitantes caminando y el Burgh Island Hotel al fondo.

Burgh Island y la lengua de arena que la une a Bigbury-on-Sea durante la marea baja.

Nuestro destino está unido a Bigbury-on-Sea por una lengua de arena que queda al descubierto con la marea baja. Durante unas horas es posible cruzar caminando, con el mar a ambos lados y el hotel creciendo poco a poco frente a nosotros. Después, el agua cubre el paso y la isla recupera su aislamiento.

Entonces el paseo de playa se convierte en frontera. El hotel queda separado de la costa y Burgh Island parece guardar sus propias reglas, ajena al ritmo del mundo exterior.

Un hotel de los años treinta

Burgh Island Hotel, edificio blanco de estilo art déco frente al mar en la costa de Devon.

El Burgh Island Hotel, uno de los iconos art déco más singulares de la costa de Devon.

El Burgh Island Hotel domina la isla desde 1929. Su arquitectura art déco, con paredes blancas, terrazas escalonadas y ventanas abiertas al Atlántico, conserva una elegancia deliberadamente teatral. No parece un edificio que haya querido adaptarse a las décadas posteriores, sino uno que ha decidido permanecer en la suya. Ese aire de otro tiempo forma parte de su encanto.

Durante la marea alta, los huéspedes suelen cruzar en el famoso sea tractor, una plataforma elevada sobre grandes ruedas que avanza por el agua. Pero el hotel no ha atraído solo a quienes buscaban una escapada peculiar. Agatha Christie compartió ese refugio de Devon con Winston Churchill, los Beatles y Noël Coward, dramaturgo y compositor británico. Coward llegó para pasar tres días y terminó quedándose tres semanas. No es extraño.

La huella de Agatha Christie

Ilustración de Agatha Christie, vista de espaldas, escribiendo en la terraza del Burgh Island Hotel con la costa de Bigbury-on-Sea al fondo.

La escritora se alojó allí en varias ocasiones, y la combinación de playa, hotel y aislamiento temporal dejó un rastro claro en su obra. Burgh Island inspiró Diez negritos (1939) y Maldad bajo el sol (1940), dos novelas muy distintas que aprovechan la inquietud de quedar apartados del mundo.

En Maldad bajo el sol, un hotel junto al mar se convierte en el lugar perfecto para observar a los demás. Los huéspedes coinciden en la playa, en el comedor y en los salones. Todo parece inocente. Están de vacaciones y nadie necesita explicar por qué ha llegado hasta allí. En Diez negritos, en cambio, el aislamiento adquiere un tono más oscuro. La Isla del Soldado transforma algunos rasgos de Burgh Island —la separación de la costa, el mar alrededor, la sensación de quedar fuera del mundo— en una amenaza.

Entre posadas y playas

Pilchard Inn, antigua posada junto al mar en Burgh Island, con el sea tractor aparcado frente al edificio.

El Pilchard Inn, una posada histórica de Burgh Island, junto al sea tractor.

La isla no se reduce al hotel. El Pilchard Inn, una antigua posada con siglos de historia, conserva un ambiente más sencillo. Sus techos bajos, las mesas junto a las ventanas y las vistas hacia la playa recuerdan una isla de pescadores, mareas y días de viento. El glamour de los años treinta y la exclusividad del Burgh Island Hotel quedan, por un momento, en segundo plano.

Al otro lado está Bigbury-on-Sea, una playa amplia donde se puede nadar o simplemente contemplar la isla desde la arena. También es un buen punto de partida para recorrer la costa de South Devon, entre acantilados suaves, campos verdes y senderos junto al mar.