«Ver las cosas con los propios ojos, como vulgarmente se dice, no es ver la verdad. Hay que ver con los ojos del entendimiento».
—Hercule Poirot, El caso del baile de la Victoria

Una noche de disfraces, música y confeti. Seis invitados han elegido los personajes de la commedia dell’arte para acudir juntos a un baile de la alta sociedad. Al final de la noche, el grupo se ha roto y Londres tiene dos muertes de las que hablar…

Es uno de los primeros relatos de Poirot y muestra a una Christie que todavía está trabajando al personaje en formato breve. No tiene aún la precisión de los grandes casos posteriores, pero ya deja ver la mezcla de lógica, humor y teatralidad que acabaría definiendo sus mejores investigaciones.

La fiesta que siguió al Armisticio

El título del relato no es una invención caprichosa de la autora. El 27 de noviembre de 1918, dieciséis días después del Armisticio, el Royal Albert Hall acogió uno de los grandes Victory Balls con los que Londres quiso celebrar el final de la guerra. El baile tuvo además un carácter benéfico. La recaudación se destinó al Nation’s Fund for Nurses, un fondo de apoyo a las enfermeras. Hubo disfraces, música, aristócratas, artistas y una ciudad dispuesta a intentar dejar atrás cuatro años de miedo, restricciones y pérdidas.

Ilustración del Royal Albert Hall iluminado durante un Victory Ball en Londres en 1918, con invitados, militares, enfermeras y automóviles de época.

Christie no reconstruye aquella noche ni convierte el relato en una crónica de la victoria. Lo que aprovecha es su atmósfera: la euforia, el gusto por el disfraz y la sensación de que, cuando termina la fiesta, algo más oscuro puede seguir oculto bajo las lentejuelas. Su Colossus Hall es ficticio, pero contiene el Londres vibrante que quería bailar antes de mirar de nuevo todo lo que la guerra había dejado.

Billie Carleton y la sombra de la cocaína

Retrato restaurado en blanco y negro de Billie Carleton, actriz y cantante del West End, con sombrero y sombrilla.

Billie Carleton, joven actriz y cantante del West End, en un retrato de estudio de comienzos del siglo XX.

Aquella fiesta real de 1918 dejó un episodio que parece hecho para interesar a alguien como Christie. Billie Carleton, joven actriz y cantante del West End, asistió al baile del Royal Albert Hall y continuó la fiesta junto a unos amigos en su piso hasta bien entrada la mañana. Horas después, un médico no pudo reanimarla. La explicación aceptada entonces atribuyó su muerte a una sobredosis de cocaína. Estudios posteriores han señalado que los barbitúricos que tomaba para combatir las «resacas» provocadas por la droga también pudieron contribuir a su muerte.

Aunque no conocemos ninguna declaración de la autora que permita presentar el caso como la fuente directa del relato, el paralelismo resulta difícil de pasar por alto. En su Guía de venenos mortíferos de Agatha Christie (2018), Kathryn Harkup considera probable que la historia de Carleton inspirara El caso del baile de la Victoria.

Poirot llega a The Sketch

El éxito de El misterioso caso de Styles (1920) convirtió a Poirot en un personaje con futuro. Bruce Ingram, director de la revista The Sketch, se puso en contacto con Christie para pedirle una serie de relatos protagonizados por el detective belga. El caso del baile de la Victoria, publicado el 7 de marzo de 1923, fue el primero de aquellos relatos.

Página de The Sketch fechada el 7 de marzo de 1923 con el inicio de “The Affair at the Victory Ball”, uno de los primeros relatos de Hercule Poirot.

Primera página de “The Affair at the Victory Ball”, publicado en The Sketch el 7 de marzo de 1923. Fuente: British Online Archives.

La historia recupera el pequeño universo que la autora había puesto en marcha en su primera novela. Hastings continúa como narrador entusiasta, fascinado por el revuelo del caso y por el talento de su amigo. Japp llega desde Scotland Yard con los datos y una buena dosis de humor.

La commedia dell’arte entra en escena

Arlequín y Colombina, Pierrot y Pierrette, Polichinela y su compañera no están ahí sólo para decorar la fiesta. La commedia dell’arte ofrece a Christie un pequeño teatro de identidades intercambiables. Entre los rombos, las siluetas y la iluminación del salón de baile, el disfraz permite que las personas se confundan y que los testigos den por cierta una escena que apenas han alcanzado a interpretar.

Cocó Courtenay junto a una figura enmascarada de la commedia dell’arte, con Hercule Poirot al fondo, en la adaptación de David Suchet.

Cocó Courtenay y una figura enmascarada durante el baile de disfraces, con Poirot al fondo. Adaptación de Agatha Christie’s Poirot.

Ese juego de identidades encuentra una versión especialmente seductora en la adaptación de David Suchet. El episodio, emitido en 1991 dentro de la tercera temporada de Agatha Christie’s Poirot, se toma libertades con el relato, pero aprovecha sus posibilidades hasta el final. Despliega un art déco deslumbrante y crea una fantasía elegante y ligeramente siniestra en la que las apariencias brillan demasiado. Son unos cincuenta minutos deliciosos, muy recomendables incluso después de leer el cuento.