«¿Qué problema no puede resolverse con una buena dosis de sentido del humor o una taza de té bien cargado?»
—Agatha Christie, Ven y dime cómo vives
Es fácil sonreír leyendo a Agatha Christie. Eso es indiscutible. Lo que no siempre resulta tan evidente es en qué momento el lector empieza a mirar en la dirección equivocada.
Piensa en ello. Un comentario ingenioso, una conversación que parece alargarse más de lo necesario, un personaje al que nadie termina de escuchar… Todo encaja. Todo fluye. Y, aun así, algo se desliza sin hacer ruido. Cuando ese detalle vuelve a aparecer, ya no hay margen. La escena ha cambiado y ya no estamos donde creíamos. Ahí es donde la autora gana la partida. El humor no aparece solo para aligerar la escena. Está ahí para desviar nuestra mirada.
El humor no llega por casualidad
Si has leído varias novelas de la autora, seguro que te ha pasado. Estás atento, intentando atar cabos, y de pronto la escena se relaja. Alguien habla más de la cuenta, otro responde con una ironía casi automática, y todo adquiere un aire cotidiano, incluso ligero. ¿Recuerdas esos diálogos que parecen no conducir a nada?
Nada de eso es casual. Christie coloca esos momentos en lugares muy precisos. Aparecen cuando la tensión empieza a acumularse, cuando buscamos respuestas o cuando la atención está más activa. Y es ahí donde introduce esa ligereza aparente. No para frenar la historia, sino para cambiar el foco. La conversación sigue, la información está ahí, pero ya no prestamos atención a lo que importa.
Cuando los personajes toman el control

En cuanto aparecen ciertos personajes, el tono cambia. No hace falta que ocurra nada especial. Hercule Poirot introduce un tipo de humor que roza lo cómico y teatral. Sus correcciones constantes, su tendencia a tomarse en serio detalles mínimos, el contraste entre la importancia que él les da y la que les conceden los demás generan una ligera distancia. Hay juego, hay ritmo y también control. Mientras tanto, ya ha desplazado la conversación hacia donde le interesa.
Con Miss Marple ocurre algo distinto. Su humor se apoya en una ironía mucho más discreta. Comparaciones domésticas, recuerdos de St Mary Mead, observaciones que parecen repetirse. Todo suena cercano y fácil de aceptar. No busca provocar una reacción inmediata. Ahí está su fuerza. Nos relajamos, la escuchamos casi sin prestar atención y más tarde descubrimos que en esas palabras estaba la clave de lo que ocurría.
Otros tonos, otros registros
Sin embargo, ese humor no se queda en sus grandes detectives. El capitán Hastings aporta algo muy reconocible: una mezcla de ingenuidad y seguridad que le lleva a sacar conclusiones demasiado rápido. No busca hacer gracia, pero la situación lo vuelve inevitablemente cómico. Y nosotros no podemos evitar sonreír, porque vemos lo que él todavía no ha visto.
En el otro extremo están personajes como Ariadne Oliver o Miss Lemon. La primera irrumpe con un tono más libre y caótico, casi autoconsciente. El de la segunda, en cambio, es más discreto y casi involuntario. Surge de su precisión extrema, de esa eficacia que, llevada al límite, roza lo absurdo. Distintas voces, distintos efectos y una misma consecuencia: bajamos la guardia sin darnos cuenta.
Un pequeño ejemplo
Hay momentos en los que el humor aparece de forma muy directa. Basta leer un fragmento como este de Asesinato en el campo de golf:
—¡Pobre de mí! ¡He escandalizado al buen caballero! —observó—. ¡Ofrezco mis excusas por mi lenguaje! Muy impropio de una señorita… Pero, Dios mío, ¡qué razón tenía para usarlo!
—¿De veras? —dije cortésmente.
—Me desaprueba —continuó—. Me desaprueba por completo… ¡Nadie me quiere! ¡Me iré al jardín y comeré gusanos! ¡Buujuú! ¡Estoy aplastada!
…
—¡Vaya! ¡Ahora ya somos amigos! —declaró—. Diga que siente lo de mi hermana…
—¡Estoy desconsolado!

La escena se lee con ligereza. Hay exageración, hay ritmo, hay un punto de teatralidad que descoloca a Hastings y nos lleva con él. Todo parece girar en torno a ese intercambio casi absurdo. Lo importante no está en lo que se dice, sino en el modo en que se dice. Ese tono, ese pequeño desajuste, es justo el tipo de humor que sirve para desplazar la atención sin necesidad de ocultar nada.
Una manera de mirar, no solo de escribir

Esa manera de introducir el humor no se queda en sus novelas. Aparece también cuando habla de sí misma. De hecho, basta con abrir Ven y dime cómo vives o su Autobiografía para verlo con claridad. Lo que cuenta no siempre es fácil, pero el tono nunca se vuelve pesado. Hay una cierta soltura, una distancia muy medida, como si siempre supiera tomar distancia sin perder el control de lo que cuenta.
Ahí es donde se reconoce mejor su forma de escribir. Ese humor no es un recurso que aparece cuando conviene. Es una mirada. Y cuando uno vuelve a sus novelas, después de leer sus memorias, lo reconoce. No hace falta buscarlo. Está ahí desde el principio.
Al final, te ríes leyendo a Agatha Christie. Es inevitable. Forma parte del placer de la lectura, de ese modo tan suyo de hacer que todo parezca fluir sin esfuerzo.
Pero esa risa nunca llega sola. La acompaña algo más discreto, casi imperceptible. La sospecha de que, mientras sonreías, algo importante ha pasado delante de ti. Y puede que ya sea demasiado tarde para verlo.
Y ahora me gustaría leerte a ti. ¿Recuerdas algún momento en el que te hayas reído leyendo a Christie y después hayas pensado: espera, aquí había algo más?
Nuria – Universo Agatha
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Scroll down and enjoy the ride…
Humour in Agatha Christie: a way of seeing
“What problem cannot be solved with a good dose of humour or a strong cup of tea?”
—Agatha Christie, Come, Tell Me How You Live
It is easy to smile when reading Agatha Christie. That much is undeniable. What is not always so obvious is the moment when the reader begins to look in the wrong direction.
Think about it. A witty remark, a conversation that seems to linger a little too long, a character no one quite listens to… Everything fits. Everything flows. And yet, something slips by unnoticed. When that detail reappears, there is no room left. The scene has shifted, and we are no longer where we thought we were. That is where the author wins the game. Humour does not simply lighten the scene. It is there to redirect our gaze.
Humour is never accidental
If you have read several of her novels, this will have happened to you. You are paying attention, trying to piece things together, and suddenly the scene relaxes. Someone talks more than they should, someone else replies with almost automatic irony, and everything takes on an everyday, even light tone. Do you remember those dialogues that seem to lead nowhere?
None of this is accidental. Christie places these moments with great precision. They appear when tension is beginning to build, when we are searching for answers or when our attention is at its sharpest. And that is exactly when she introduces this apparent lightness. Not to slow the story down, but to shift the focus. The conversation continues, the information is there, yet we are no longer paying attention to what truly matters.
When the characters take control
As soon as certain characters appear, the tone changes. Nothing special needs to happen. Hercule Poirot introduces a kind of humour that borders on the comic and the theatrical. His constant corrections, his tendency to take minor details very seriously, and the contrast between the importance he assigns to them and the indifference of others create a subtle distance. There is play, there is rhythm, and there is control. Meanwhile, he has already steered the conversation exactly where he wants it.
With Miss Marple, something different occurs. Her humour rests on a much quieter irony. Domestic comparisons, memories of St Mary Mead, observations that seem to repeat themselves. Everything sounds familiar and easy to accept. She does not seek an immediate reaction. That is where her strength lies. We relax, we listen almost absent-mindedly, and only later do we realise that the key to what was happening was already there in her words.
Other tones, other registers
However, this humour does not remain confined to her great detectives. Captain Hastings brings something very recognisable: a mixture of naivety and confidence that leads him to draw conclusions too quickly. He does not try to be amusing, but the situation makes him so nonetheless. And we cannot help but smile, because we see what he has not yet seen.
At the other end are characters such as Ariadne Oliver or Miss Lemon. The former bursts in with a freer, more chaotic tone, almost self-aware. The latter, by contrast, is far more restrained and almost involuntary. Her humour emerges from her extreme precision, from an efficiency that, taken to its limit, verges on the absurd. Different voices, different effects, and the same result: we lower our guard without realising it.
A brief example
There are moments when humour appears very directly. It is enough to read a passage like this from Murder on the Links:
—“Oh, dear me! I have shocked the good gentleman!” she observed. “I apologise for my language! Most unladylike… But, my goodness, I had every reason to use it!”
—“Indeed?” I said politely.
—“You disapprove of me,” she went on. “You disapprove of me entirely… Nobody loves me! I shall go into the garden and eat worms! Boo-hoo! I am crushed!”
…
—“Ah! Now we are friends!” she declared. “Say you are sorry about my sister…”
—“I am utterly desolated!”
The scene reads lightly. There is exaggeration, there is rhythm, and a touch of theatricality that unsettles Hastings and carries us along with him. Everything seems to revolve around that almost absurd exchange. What matters is not so much what is being said, but how it is said. That tone, that slight misalignment, is precisely the kind of humour Christie uses to shift our attention without needing to conceal anything.
A way of seeing, not just of writing
Once you have seen it in action, it becomes clearer. This way of introducing humour does not remain within her novels. It also appears when she writes about herself. One only has to open Come, Tell Me How You Live or her Autobiography to see it plainly. What she recounts is not always easy, yet the tone never becomes heavy. There is a certain lightness, a carefully measured distance, as if she always knew how to step back without losing control of what she is telling.
This is where her way of writing is most clearly revealed. That humour is not a device that appears when convenient. It is a way of seeing. And when one returns to her novels after reading her memoirs, it becomes recognisable. There is no need to look for it. It has been there from the very beginning.
In the end, you find yourself laughing while reading Agatha Christie. It is inevitable. It is part of the pleasure of her prose, of that very particular way she has of making everything seem to flow effortlessly.
But that laughter never comes alone. It is accompanied by something more discreet, almost imperceptible. The suspicion that, while you were smiling, something important happened right in front of you. And that it may already be too late to see it for the first time.
And now I would love to hear from you. Do you remember a moment when you laughed while reading Christie and then thought: wait, there was something more going on here?
Nuria – Universo Agatha



¡ Hola Nuria !
En los trabajos de Hércules, suceden varios momentos de gracia y buen humor, desde que se toman a comparaciones por el físico y por las hazañas, terminando con una vista al espejo.
Y reconsiderar como debe asumir el reto.
También lo curioso es que Poirot, solo necesito un leve impulso para caer en un complejo laberinto, donde se aprecia un sentido del humor muy agudo por parte de Agatha, involucrando inesperadamente a su detective en aventuras curiosas y emotivas.
Se disfrutan las labores de Hércules, sin trabajos…
En los momentos donde formaliza alguna apuesta con el inspector Japp, es divertido atestiguar como cada cuál considera un juego de infantes ganar el duelo y al final se ajustan ante los hechos y devoran el platillo de sus palabras.
Hay varios distractores con un buen humor británico, donde el matrimonio de Tommy y Tuppence se adapta correcta e involuntariamente a los guiños de alegres encuentros y reencuentros de la pareja.
Existen muchos eventos disfrutables, del tipo de oficina, entre Mis Lemon, Hastings y Poirot.
¡ Excelente artículo, gracias por la oportunidad de participar !
Juan David, muchísimas gracias por tu comentario.
Has señalado muy bien algo que a veces pasa desapercibido. Ese humor que aparece en momentos muy concretos y que, además de aligerar la escena, dice mucho sobre los propios personajes. En «Los trabajos de Hércules», por ejemplo, ese juego de comparaciones y ese punto casi irónico del propio Poirot frente a sí mismo son muy reveladores.
Y es verdad también lo que comentas sobre Japp o sobre las dinámicas con Hastings y Miss Lemon. Ahí se ve muy bien cómo el humor no está solo en lo que se dice. También está en la forma en que cada uno se sitúa en la escena.
Gracias, de verdad, por leer con tanto detalle y por compartir tu mirada.