«Pero tengo razón, ¿no? Eres el viejo de la esquina. ¿Dónde está el trozo de cordel?»

—El misterio de Sunningdale (1924)

Un almuerzo en el ABC del Soho, unos recortes de periódico y un crimen que parece prestarse a una conversación de sobremesa. Tommy y Tuppence tienen un caso entre manos, aunque nadie los haya contratado para resolverlo. También tienen un modelo al que imitar. La pregunta por el cordel nos pone sobre la pista de un detective que prefiere dejar las investigaciones de campo en manos ajenas.

Reconozco que esta lectura me ganó al final. Había empezado con menos entusiasmo, quizá por algunos giros de la traducción. Al terminar, aquella conversación me pareció mucho más ingeniosa de lo que había sospechado. En Matrimonio de sabuesos, Agatha Christie invita a los Beresford a jugar con los métodos de otros investigadores literarios. Aquí, el invitado procede de la imaginación de la baronesa Emma Orczy.

Emma Orczy, más allá de La Pimpinela Escarlata

Retrato de Emma Orczy con una estola oscura, pendientes y un collar de perlas.

La baronesa Emma Orczy, creadora del viejo de la esquina, al que Christie rinde homenaje en El misterio de Sunningdale.

El nombre de Emma Orczy (1865–1947), escritora británica de origen húngaro, es conocida sobre todo por La Pimpinela Escarlata. Las aventuras de sir Percy Blakeney, capaz de esconder una identidad heroica bajo sus maneras frívolas, le dieron una enorme popularidad. Pero su obra también merece una parada en la historia del género policial. A ella debemos Lady Molly de Scotland Yard, una de las pioneras de la ficción detectivesca femenina, y al singular viejo de la esquina.

Este investigador permanece sentado en un salón de té londinense y desentraña misterios mientras conversa con la periodista Polly Burton. Sus dedos atan y desatan un cordel; la leche y la tarta de queso completan el ritual. Son detalles suficientes para reconocerlo cuando Tommy adopta su papel y Tuppence ocupa el de Polly. El homenaje tiene algo de representación doméstica. Ambos conocen las reglas, pero ella conserva su propia voz.

Un crimen entre partidas de golf

Dos jugadores caminan por un campo de golf junto a un refugio de madera con bolsas de palos, bajo árboles otoñales.

El capitán Sessle aparece muerto en el campo de golf de Sunningdale. El arma es un alfiler de sombrero, y los testimonios sobre la jornada anterior plantean más preguntas de las que resuelven. Una conversación observada desde lejos y ciertos movimientos alrededor del campo bastan para alimentar las sospechas. Y prefiero dejar ahí el argumento. En un relato tan breve, cada detalle que adelantamos le quita al lector una pequeña oportunidad de sorprenderse.

El golf vuelve a proporcionar un escenario criminal, como ya ocurría en Asesinato en el campo de golf (1923). Hay algo sugerente en esa calma reglamentada: avanzar, esperar turno, mirar cómo juega otro. Parece que todo sucede a la vista de alguien. Sin embargo, ver una escena y comprenderla son tareas distintas, y los Beresford tienen tiempo para discutir esa distancia.

La conversación también tiene sus placeres

Buena parte del encanto está en escuchar a Tommy y Tuppence. Se corrigen, se provocan y examinan la información sin perder esa familiaridad que permite discrepar con una sonrisa. Me gusta que la deducción forme parte de su vida compartida porque, entre los periódicos y los platos, hay espacio para una observación que obliga a reconsiderar lo anterior.

El inspector Marriott mira hacia Tommy y Tuppence desde una mesa cercana en el ABC, mientras Tommy juega con un cordel.

El ABC tampoco es una burbuja completamente aislada. La presencia del inspector Marriott, de Scotland Yard, añade un toque de humor al encuentro entre el juego literario de la pareja y una investigación policial.

Cuando Tommy y Tuppence investigan sobre el terreno

Tommy y Tuppence en el campo de golf, él con un palo y ella junto al banderín del hoyo.

James Warwick y Francesca Annis llevan la investigación hasta el campo de golf en la adaptación de El misterio de Sunningdale (1983). Imagen retocada con IA.

Antes de llegar a la pantalla, el relato tuvo una adaptación radiofónica en 1953, con Richard Attenborough y Sheila Sim como los Beresford. En 1983 lo interpretaron James Warwick y Francesca Annis en Agatha Christie’s Partners in Crime. Y confieso que esta versión me ha sorprendido por su fidelidad, ya que muchos diálogos parecen trasladados directamente del libro. También mantiene la ligereza de la pareja y sus complicidades, sin necesidad de convertir el episodio en una sucesión de aventuras añadidas.

La decisión más visible consiste en llevarlos hasta Sunningdale. Allí recorren el campo y reconstruyen sobre el terreno lo que el relato permite imaginar desde una mesa. El cambio funciona en televisión, aunque debilita el homenaje al detective sedentario de Orczy. Queda un guiño en la comida del ABC, pero desaparecen el cordel y las referencias explícitas al viejo de la esquina y a Polly Burton. Lástima. La historia sigue siendo ingeniosa, pero el juego con su modelo literario resulta menos reconocible.

El relato en unos datos

  • Título original: The Sunningdale Mystery.
  • Primera publicación: 29 de octubre de 1924, en el número 1657 de The Sketch, con el título The Sunninghall Mystery.
  • Publicación en libro: Partners in Crime (Matrimonio de sabuesos), en 1929, con el título definitivo.

Al acabar el relato y ver el episodio, me quedé con ganas de conocer mejor a Orczy. Indudablemente, ese es otro de los placeres de estos homenajes. Seguir una referencia y descubrir que detrás de un personaje excéntrico hay una autora cuya obra merece atención propia es fascinante.

Y sí, también me reconcilié con una lectura que había empezado con cierta desgana. A veces unas pocas páginas cambian el recuerdo del conjunto. En este caso, me hicieron apreciar cuánto puede ocurrir durante un almuerzo…

¿Qué disfrutas más en una historia de detectives: una conversación que desmonta el caso o una investigación sobre el terreno? Te leo en los comentarios.

Puedes suscribirte a la newsletter dominical de Universo Agatha para recibir cada nuevo artículo.

Nuria — Universo Agatha

2 comentarios
  1. carlos
    carlos Dice:

    ¡Otro descubrimiento… Ni idea de la baronesa Orczy, de La Pimpinela Escarlata (que a mí me sonaba a un revolucionario dieciochesco), y mucho menos de su «viejo de la esquina» (¿es que no tenía nombre
    Ambos métodos están bien; ver a Poirot sentado en su sillón con los ojos cerrados y os dedos cruzados tras apostar con Japp a que desentrañará el caso ése del desaparecido voluntariamente basándose sólo en lo que Hastings puede recopilar es tan fascinante como asistir a las maniobras precisas y un poco estrambóticas del primer Sherlock en Estudio en escarlata recogiendo pistas.

    Responder
    • Nuria
      Nuria Dice:

      Pues parece que no tenía nombre propio, jajaja, solo «el viejo de la esquina». Y el caso que recuerdas es La desaparición del señor Davenheim, que ya tiene su reseña en el blog. Esa apuesta con Japp es magnífica como reto y por eso lo elegí en primer lugar de Poirot investiga. El belga deja el trabajo de campo a Hastings y se reserva el placer de encajar las piezas…
      Y la comparación que haces con Holmes es acertadísima. Ambos consiguen que estemos pendientes de cada detalle.

      Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos
Responsable Nuria Parra Díaz +info...
Finalidad Gestionar y moderar tus comentarios. +info...
Legitimación Consentimiento del interesado. +info...
Destinatarios Automattic Inc., EEUU para filtrar el spam. +info...
Derechos Acceder, rectificar y cancelar los datos, así como otros derechos. +info...
Información adicional Puedes consultar la información adicional y detallada sobre protección de datos en nuestra página de política de privacidad.