“En Navidad hay una gran dosis de hipocresía —una hipocresía honorable, una hipocresía emprendida por una buena razón, por supuesto— pero hipocresía al fin y al cabo.”
— Hercule Poirot, Navidades trágicas

He empezado con estas palabras de Poirot porque, admitámoslo, tienen una carga de verdad que todos reconocemos. Vivimos tiempos complejos, rodeados de un consumo a veces vacío y de esa obligación de sonreír que puede llegar a sentirse impostada. Esa «hipocresía honorable» de la que hablaba Christie, a través de su detective, no nos resulta ajena en Navidad.

El calendario es caprichoso y esta semana ha querido que nuestra cita de los miércoles caiga, precisamente, en Nochebuena. Una buena excusa para detenernos en lo esencial. Para recordar que, más allá de todo lo que se le ha ido superponiendo con los años, la Navidad nace de algo muy sencillo: una historia de amor y de cuidado.

Y hoy, recuperando mi voz más personal —la que utilicé en mi presentación cuando iniciamos este viaje a finales de abril—, quiero confesarte algo: a mí me encanta la Navidad.

A pesar de la hipocresía que pueda haber en el ambiente y de este frío seco y recio que hoy golpea las calles de Tomelloso, para mí estas fechas tienen un sentido muy claro: familia. Y ya está. No hacen falta más explicaciones ni adornos.

Es el momento de detener el tren, bajar al andén y reunirme con los míos. Es ese puerto seguro donde no hace falta representar ningún papel. Sé que el mundo ahí fuera está convulso y que la realidad a veces es gris, muy gris, pero precisamente por eso estas fechas me traen verdad. La verdad de permitirnos ser imperfectos y de encontrarnos con el otro desde la honestidad. Y también esperanza. Una esperanza terca, que sobrevive a pesar de todo y que se alimenta de los gestos cotidianos y de las mesas compartidas.

Como es Nochebuena, voy a dejar a un lado los análisis y las reseñas literarias. ¡Hoy no toca! Solo quiero dejarte un deseo honesto y sencillo, de viajera a viajero: que el frío de fuera se compense con el calor de los tuyos, y que encuentres, entre tanto ruido, un momento de paz auténtica.

Brindo contigo por la verdad y por la esperanza.

¡Feliz Navidad!

Nuria — Universo Agatha

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Scroll down and enjoy the ride…

Merry Christmas

“At Christmas there is a great deal of hypocrisy — honourable hypocrisy, hypocrisy undertaken for a good reason, of course — but hypocrisy nonetheless!”
— Hercule Poirot, Hercule Poirot’s Christmas 

I chose to begin with these words from Poirot because, let’s admit it, they carry a truth we all recognise. We live in complex times, surrounded by a kind of consumption that often feels empty, and by that obligation to smile which can end up feeling forced. That “honourable hypocrisy” Christie spoke of through her detective is not unfamiliar to us at Christmas.

The calendar is capricious, and this week it has arranged for our usual Wednesday meeting to fall, precisely, on Christmas Eve. A good excuse to pause and focus on what truly matters. To remember that, beyond all the layers that have been added over the years, Christmas is rooted in something very simple: a story of love and care.

And today, returning to my most personal voice — the one I used in my introduction when we began this journey at the end of April — I want to confess something: I love Christmas.

Despite the hypocrisy that may linger in the air, and despite the dry, biting cold that is sweeping through the streets of Tomelloso today, these days have a very clear meaning for me: family. That’s it. No further explanations or embellishments are needed.

It is time to stop the train, step onto the platform, and gather with my own. A safe harbour where there is no need to play any role. I know the world outside is turbulent and that reality is sometimes grey — very grey — but it is precisely for that reason that this season brings me truth. The truth of allowing ourselves to be imperfect, and of meeting one another with honesty. And also hope. A stubborn hope that survives despite everything, nourished by everyday gestures and shared tables.

As it is Christmas Eve, I am going to set literary analysis and reviews aside. Today is not the day. I simply want to leave you with an honest and simple wish, from one traveller to another: may the cold outside be balanced by the warmth of those around you, and may you find, amid all the noise, a moment of genuine peace.

I raise a glass with you to truth and to hope.

Merry Christmas.

Nuria — Universo Agatha

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