Jardín de un hotel de La Orotava, Tenerife, a principios de 1927. El Teide domina el horizonte y los parterres rebosan flores de una vitalidad inesperada. Agatha Christie intenta dictar una nueva novela a su secretaria y amiga Charlotte Fisher, Carlo, mientras su hija Rosalind espera, aburrida, a que termine aquella hora de trabajo. Apenas han transcurrido nueve minutos cuando la niña reaparece convencida de que ya ha pasado media hora. Su madre se estruja el cerebro, vacila y siente que cuanto dice son «idioteces».

La serenidad del paisaje encubre un momento decisivo. El asesinato de Roger Ackroyd (1926) acababa de proporcionarle su mayor éxito, pero la escritura se había convertido en una carga que no podía permitirse abandonar. De aquella lucha nació El misterio del Tren Azul (1928), una novela que nunca llegó a apreciar y que, según reconocería después, la convirtió definitivamente en escritora profesional.

El año que deshizo su antigua vida

Maleta abierta con ropa de viaje, periódicos y un retrato vuelto hacia abajo en una habitación de 1926

Para llegar a Tenerife, había atravesado el año más devastador de su existencia. En 1926 murieron su madre y la seguridad sobre la que había construido su vida adulta. Poco después, su marido le confesó que estaba enamorado de otra mujer. La ruptura del matrimonio, la desaparición de la escritora durante once días en diciembre y la voracidad de la prensa completaron un periodo del que salió exhausta y expuesta ante el público.

Al comenzar 1927, el matrimonio estaba roto, aunque el divorcio todavía no se había formalizado. Christie necesitaba alejarse de Inglaterra y en febrero viajó a las Islas Canarias con Rosalind y Carlo. Esperaba que la distancia le permitiera recuperar cierta calma y reunir fuerzas para afrontar una vida que ya no se parecía a la anterior.

Un refugio que también era lugar de trabajo

Mesa de trabajo con manuscritos y lápices ante una ventana abierta a un paisaje de Tenerife

La estancia en Canarias tampoco podía ser únicamente una convalecencia. Había gastado buena parte de su capital en Styles, la casa familiar que Archie trataba de vender, y sus libros eran prácticamente su única fuente de ingresos. Tenía que entregar una nueva obra y necesitaba el anticipo para mantenerse.

Los cuatro grandes (1927) había proporcionado una solución provisional. Su cuñado, Campbell Christie, la ayudó a reunir y reorganizar doce relatos publicados anteriormente hasta convertirlos en un volumen. El libro se vendió bien y resolvió la urgencia inmediata, pero necesitaba escribir una nueva novela para asegurar sus ingresos. Confiaba en que el viaje y la ayuda de Carlo le permitieran conseguirlo.

De El Expreso de Plymouth al Tren Azul

El Tren Azul recorre la costa de la Riviera francesa junto al Mediterráneo

Para construir aquella nueva novela, recurrió a El Expreso de Plymouth, el relato publicado en 1923. Conservó el tren de lujo, la mujer adinerada, el matrimonio roto, las joyas y el padre millonario, pero amplió aquel mecanismo conciso hasta convertirlo en una trama internacional. Poirot viaja hacia la Riviera francesa mientras Katherine Grey, una mujer que acaba de heredar una fortuna después de una década como dama de compañía, cruza el umbral de un mundo hasta entonces ajeno. Su forma de observar a quienes lo habitan merece atención propia.

Al estudiar los cuadernos de trabajo de Agatha Christie, John Curran sitúa en el número 54 las notas de El misterio del Tren Azul. Como sucede con otros cuadernos de aquella primera época, el esbozo se parece mucho a la obra terminada y apenas revela las posibilidades descartadas durante la composición. El armazón quedó registrado; las dudas que acompañaron su escritura en Tenerife, en cambio, no dejaron huella en aquellas páginas.

Escribir sin alegría

La Autobiografía (1977) ofrece una imagen mucho más clara de aquella dificultad. Allí recuerda que escribir no le producía alegría, que no sentía inspiración, no veía la acción con nitidez y encontraba faltos de vida a sus personajes. La necesidad de terminar el libro y ganar dinero, sin embargo, la obligó a continuar.

«Ése fue el momento en que me transformé de escritora aficionada en profesional».

Aquella transformación no dependía de la fama, que ya había llegado, ni del dominio del oficio. Ser profesional significaba cumplir con el trabajo incluso cuando la historia se resistía, la confianza flaqueaba y ninguna inspiración acudía al rescate.

Una dedicatoria sobre la lealtad

Peter, un fox terrier de pelo duro, junto a una silla con un cuaderno y un lápiz

La dedicatoria conserva otra huella de aquel periodo: «A los dos distinguidos miembros de la O.F.D., Carlotta y Peter». Carlotta era Charlotte Fisher y Peter, el querido perro de Rosalind. Las siglas correspondían a Order of the Faithful Dogs, la Orden de los Perros Fieles, enfrentada en su imaginación privada a la Orden de las Ratas Infieles. La broma convertía una herida todavía reciente en un código privado.

La novela también gira alrededor de matrimonios deteriorados, traiciones, dinero empleado como forma de poder y personajes que desean comenzar de nuevo. Resultaría simplificador buscar equivalencias directas entre los Christie y las parejas del libro. Las coincidencias más sugerentes pertenecen al terreno emocional. Mientras escribía sobre lealtades rotas y nuevas vidas posibles, trataba de reconstruir la suya.

El veredicto de su autora

Agatha Christie camina por un jardín de La Orotava con el manuscrito terminado y el Teide al fondo.

El tiempo no suavizó su juicio. Cuando una entrevistadora le preguntó si había publicado algún libro que considerase verdaderamente malo, respondió que no. Jamás habría permitido que llegara a la imprenta. Después introdujo una excepción parcial. Con El misterio del Tren Azul, reconoció, había estado bastante cerca. Cada vez que lo releía, lo encontraba «vulgar, lleno de estereotipos y con una trama sin interés». También escribió que siempre lo había odiado.

Muy distinta fue la respuesta de los lectores. Ella misma admitió, con su ironía característica: «Siento decir que a mucha gente le gusta». La crítica publicada por The Times Literary Supplement fue mucho más favorable. Elogió la forma en que Poirot construía sus deducciones psicológicas y reunía las pruebas hasta alcanzar una resolución sorprendente. Tal vez, al releerla, su creadora continuara viendo el sufrimiento de aquellos meses allí donde otros encontraban la Riviera, el misterio y la presencia luminosa de Katherine Grey.

Antes de llegar a las librerías, El misterio del Tren Azul apareció por entregas en el periódico londinense The Star entre el 1 de febrero y el 15 de marzo de 1928. William Collins lo editó en libro el 29 de marzo. Era la quinta novela protagonizada por Hercule Poirot y se vendió tan bien como Los cuatro grandes. El resultado la consoló un poco, aunque no modificó su opinión sobre la obra.

La novela nació sin entusiasmo y bajo la presión de la necesidad. Al terminarlo, había demostrado que podía sostenerse con su trabajo incluso después de que la vida que conocía hubiera desaparecido. En el jardín de La Orotava, la inspiración no regresó. Allí descubrió algo más duradero: podía seguir escribiendo incluso cuando las palabras se le resistían.

¿Cambia esta historia tu manera de mirar El misterio del Tren Azul? ¿Te gusta la novela o la consideras una obra menor dentro de la trayectoria de Agatha Christie? Te leo en los comentarios.

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Nuria — Universo Agatha

2 comentarios
  1. carlos
    carlos Dice:

    Es que la leí en un volumen del Circulo de Lectores que me prestó mi hermana mayor en el que venía junto a Asesinato en el Orient Express (sí, era un volumen muy ferroviario) y, claro, al ir después, no tenía nada que hacer frente al primero y no lo recordaba…
    En cambio el relato corto original que leí no hace mucho creo que me gustó más.
    ¡Lo que nunca habría sospechado es que se gestara en Tenerife
    Oye, y que me encantan las ilustraciones que decoran tu texto (¡y escribes fenomenal, por otro lado). Pero no quiero saber si están hechas con la Inteligencia Artificial ésa

    Responder
    • Nuria
      Nuria Dice:

      Entiendo que El misterio del Tren Azul quedara eclipsado después de Asesinato en el Orient Express. A mí también me sorprendió descubrir que Christie la escribió en Tenerife.
      Muchas gracias por lo que dices del texto y de las ilustraciones. Me hace mucha ilusión.
      Y sobre cómo están hechas, respetaré tu deseo de conservar el misterio…

      Responder

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