«Los Cuatro Grandes constituyen hoy el mayor poder maligno del mundo. Nadie sabe cuál es el fin que persiguen, pero nunca hubo una organización criminal semejante».

—Hercule Poirot, Los cuatro grandes

Los cuatro grandes (1927) arrastra la fama de ser una de las novelas más desconcertantes de Agatha Christie. Su estructura defectuosa, sus villanos desmesurados y su alejamiento del misterio clásico han llevado a muchos lectores a considerarla una obra menor, hasta el punto de verla como un libro que no termina de sostenerse como novela.

Después de conocer las difíciles circunstancias en las que la autora tuvo que escribirla, la afronté esperando precisamente eso, una obra irregular. Y lo es. Pero también me encontré con una aventura dinámica, extravagante y sorprendentemente adictiva. Para disfrutarla solo hay que hacer una cosa: ¡cambiar el chip!

Poirot abandona el salón inglés

Hastings entra con su maleta en el salón mientras Hercule Poirot lo recibe sentado en su sillón orejero.

El capitán Hastings regresa a Inglaterra después de pasar dieciocho meses en Argentina y se dirige inmediatamente a visitar a su antiguo compañero. Su reencuentro recupera la dinámica clásica entre ambos, aunque apenas tienen tiempo de disfrutarla antes de verse arrastrados a una conspiración que rebasa todo lo que habían afrontado juntos.

Aquí no hay una casa de campo, una víctima rodeada de familiares ni una lista manejable de sospechosos. Hay persecuciones, secuestros, mensajes cifrados, identidades falsas y una organización secreta que parece capaz de intervenir en la política, la ciencia y la economía. Poirot abandona por un momento la investigación doméstica para actuar en un escenario mucho más amplio.

¿Agatha Christie antes de James Bond?

Texto alt: Libro Casino Royale, de Ian Fleming, sobre un escritorio junto a un mapa, una copa y la silueta de un espía al fondo.

Mientras leía, me resultaba difícil no pensar en James Bond, aunque Casino Royale, la primera novela de Ian Fleming, no se publicó hasta 1953. No puedo demostrar que existiera una influencia directa, pero la semejanza me parece demasiado evidente como para ignorarla.

La comparación se sostiene, sobre todo, en la magnitud de la amenaza. Los miembros de la organización poseen recursos casi ilimitados, controlan redes que atraviesan fronteras y aspiran a alterar el equilibrio mundial. Hay refugios inaccesibles, identidades falsas y un peligro muy superior al que representan los delincuentes habituales de Poirot. Leída hoy, la novela parece anticipar algunos de los códigos que décadas después asociaríamos con el universo de Bond.

El enemigo de los mil rostros

El Número Cuatro aparece rodeado por varios rostros que representan sus múltiples identidades, junto a un maletín de disfraces y tarjetas de visita.

Dentro de una organización cuyos miembros suelen actuar desde la distancia, el Número Cuatro es quien logra acercarse más. Maestro del disfraz, es capaz de adoptar distintas identidades y aparecer en los lugares más inesperados.

Esa habilidad para cambiar de rostro lo convierte en el adversario más inquietante. Puede entrar en una casa, conversar con sus víctimas o alterar una situación desde dentro. La conspiración termina concentrándose así en una sospecha inmediata: cualquier personaje secundario puede ser el mismo hombre bajo otra apariencia.

Dos sorpresas reservadas para Poirot

Hercule Poirot, sentado en un salón elegante y luminoso, contempla dos paquetes envueltos mientras a su alrededor aparecen máscaras y accesorios de disfraz.

Pero Christie no se limita a enfrentar al detective belga con un enemigo experto en la representación. También lo obliga a participar en ese juego de identidades y apariencias. Entre persecuciones, disfraces y engaños, reserva para él dos de las mayores sorpresas de la novela.

Son decisiones insólitas dentro de la serie y la autora no volvió a recurrir a ellas del mismo modo. Conviene descubrirlas durante la lectura, porque forman parte del tono juguetón y excesivo de la historia. En un mundo lleno de máscaras, incluso el gran detective debe demostrar que sabe interpretar un papel.

Vera Rossakoff entra en el juego

Vera Rossakoff irrumpe en las habitaciones de Poirot para defender al joven sospechoso.

La condesa Vera Rossakoff reaparece vinculada a la organización y vuelve a ejercer sobre Poirot la misma fascinación que en Doble pista (1923). Su presencia aporta ambigüedad a la trama y recuerda que, incluso cuando todo parece adquirir proporciones insólitas, el detective conserva una debilidad muy concreta por una mujer excepcional.

Una adaptación que construye otra historia

Hercule Poirot conversa con un hombre que sostiene un periódico mientras ambos permanecen junto a una columna.

Hercule Poirot en una escena de la adaptación televisiva de Los cuatro grandes, protagonizada por David Suchet.

La serie protagonizada por David Suchet adaptó Los cuatro grandes en 2013, durante su última temporada. El episodio conserva personajes y elementos procedentes del libro, pero reorganiza por completo la trama y propone una historia muy distinta.

La transformación es tan profunda que merece un análisis independiente. El próximo domingo veremos qué conservó ITV de la novela, qué decidió cambiar y cómo convirtió esta aventura de Poirot en algo completamente nuevo.

Los cuatro grandes exige que dejemos por un momento al Poirot que interroga sospechosos junto a una chimenea. No es el mejor misterio del detective, pero sí una de sus aventuras más libres. Quien espere una investigación construida con la precisión habitual puede sentirse decepcionado. Quien acepte la amenaza internacional, los disfraces y el exceso quizá descubra una lectura mucho más divertida de lo que su reputación permite imaginar.

Confieso que la mala fama que siempre había acompañado a la novela hizo que evitara leerla. Pero, al avanzar por la obra de Agatha Christie en orden cronológico para el blog, tarde o temprano tenía que llegar a Los cuatro grandes. La sorpresa ha sido encontrar una obra imperfecta, sí, pero también imaginativa, ágil y enormemente entretenida.

¿Has leído Los cuatro grandes? ¿Te divirtió su cambio de registro o echaste de menos al Poirot más clásico?

Te leo en los comentarios.

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Nuria – Universo Agatha

2 comentarios
  1. Recio Dávila
    Recio Dávila Dice:

    Me gustó tu análisis. Pero en lo personal disfruto más al Poirot clásico. Su forma de investigar y de llevar los interrogatorios me parece de lo mejor que hay en literatura de misterio. En esta obra efectivamente rompe el molde, y sí es cierto que se anticipa a otros autores; sin embargo, me atrae más el enigma de cuatro paredes.

    Responder
    • Nuria
      Nuria Dice:

      Entiendo perfectamente tu preferencia. El Poirot clásico, encerrado con un grupo de sospechosos y avanzando mediante interrogatorios, observación y psicología, es difícil de superar. En Los cuatro grandes, Christie rompe ese molde y lo lleva a un terreno mucho más aventurero, pero el resultado no tiene la precisión ni la intensidad del enigma de cuatro paredes.

      Por eso la novela funciona mejor cuando se acepta como una rareza dentro de la serie, no como un ejemplo representativo del mejor Poirot. A mí me divirtió mucho el cambio, aunque también sigo prefiriendo al detective de las investigaciones más cerradas y metódicas.

      Gracias por tu comentario. Espero volver a leerte por aquí.

      Responder

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