Hay novelas que parecen destinadas a vivir muchas vidas. Cambian de formato, saltan del papel a la pantalla y encuentran nuevos lectores y espectadores generación tras generación. Sin embargo, existe un caso curioso dentro de la obra de Agatha Christie: El asesinato de Roger Ackroyd. Una de sus novelas más famosas, más influyentes y admiradas nunca ha encontrado una versión capaz de imponerse sobre las demás.
Durante casi un siglo, cineastas, guionistas, directores teatrales y productores de radio se han encontrado con el mismo obstáculo. No han tropezado con el crimen, ni con los personajes, ni siquiera con el célebre desenlace. La dificultad siempre ha sido otra. El verdadero protagonista de esta historia no es Hercule Poirot, es el narrador.







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